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MILAGRO EN LOS CIELOS DEL NORTE: LA PROMESA AÉREA QUE DIO VIDA A UN SANTUARIO EN EL DESIERTO

A 56 años del hito que unió la historia de la Fuerza Aérea de Chile con una profunda devoción atacameña, la crónica de un descenso al límite y el nacimiento de la Virgen de Lickan Antay.

24 Agosto 2026

Por: Departamento de Asuntos Públicos 

El 18 de mayo de 1969, al mando del avión De Havilland DH-115 Vampire matrícula J-302 del Grupo de Aviación N°8 basado en Antofagasta, viajaba el entonces Subteniente (A) Pedro Rodríguez, junto al General Eduardo Iensen Franke, quien llegó a ser Comandante en Jefe de la institución entre 1961 y 1964 y se encontraba en retiro desde octubre de 1964. El objetivo era realizar capturas fotográficas de altura, para avanzar en una investigación de registro y rescate patrimonial en la zona del Volcán Licancabur y el Cráter de Monturaqui. 

Durante la travesía, entró en la zona una camanchaca cerrada, situación que se sumó a otras fallas en los instrumentos de navegación. Bajo esas condiciones, el piloto y su pasajero perdieron la capacidad de determinar su ubicación. El terreno se transformó en una gruesa capa de un blanco total que cubría el mar, los valles y parte de los cerros. Descender sin visibilidad era de altísimo riesgo y significaba un accidente seguro. Al mismo tiempo, el combustible era escaso, volaban con un solo paracaídas y esos aviones carecían de asientos eyectables, pero, decidieron que ninguno de los dos abandonaría la nave. 

En ese instante límite -envueltos en la camanchaca, sin referencias, con el motor a punto de apagarse- ambos Oficiales se encomendaron a la Virgen del Carmen, Patrona de las Fuerzas Armadas de Chile. Prometieron que si, por medio de su intercesión, lograban salvarse, colocarían una figura de ella en el pueblo de Toconao. 

La respuesta no tardó. Con la nave en descenso y a punto de agotar todo el combustible, divisaron un claro en las nubes que les permitió reconocer tierra y atravesar la capa de niebla en forma segura. Cruzaron la camanchaca, nivelaron el avión y frente a ellos apareció una zona alternativa donde aterrizar: el pequeño aeródromo Barriles, en Taltal. Al momento de tocar tierra, la turbina se detuvo por falta de combustible y la aspereza de la pista provocó que se rompieran los neumáticos. Habían llegado sanos y salvos, en el límite exacto de lo posible. 

Un año después, ambos aviadores asumieron la responsabilidad de cumplir lo prometido. El General Iensen encargó a un conocido cantero regional la elaboración de una imagen mariana de características étnicas muy particulares. La llamaron Virgen de Lickan Antay, nombre tomado del lenguaje kunza de los atacameños, evocando así a la Virgen que protege a los aviadores, a los hombres de las alturas. 

A las 11 de la mañana del domingo 23 de agosto de 1970, se efectuó la solemne ceremonia de instalación de la imagen al interior de una quebrada que, según las propias palabras del general Iensen Franke, “asemeja una inmensa catedral construida por la propia naturaleza”. La quebrada ofreció un amplio espacio para la celebración. Este acontecimiento, del cual se conmemoran 56 años, marcó de manera definitiva la fe de la provincia. 

La ceremonia fue celebrada por el conocido sacerdote jesuita belga avecindado en el norte de Chile, Gustavo Le Paigeentonces párroco de San Pedro de Atacamasecundado por otros sacerdotes llegados desde Santiago y la capital de la Provincia.  

Durante la inauguración del nuevo santuario, el Padre Le Paige declaró: “Aquí empezó Chile y aquí se desarrollará en Chile la devoción a la Virgen, porque ahora tendremos la estrella fulgurante de Belén, que trajera al mundo la divina majestad de Cristo, que ilumina con su luz eterna los confines de la tierra entera”. 

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