Por Cristián Tapia, Departamento de Asuntos Públicos.
En medio de los sistemas frontales consecutivos que afectan al país, La Fuerza Aérea de Chile mantiene desplegado su 8° Puente Aéreo, sumando en las últimas horas nuevos rescates de personas aisladas e incomunicadas en zonas cordilleranas de las regiones de Atacama y Coquimbo, en una nueva demostración de su histórico compromiso de servicio con la comunidad.
Las operaciones ejecutadas en Punitaqui, Carrizalillo, Vallenar, Sanjón, Paihuano, Horcón, entre otros, refleja la magnitud del despliegue institucional en el marco del 8° Puente Aéreo, y se enmarca en una larga tradición de servicio que la Institución ha sostenido a lo largo de su historia frente a las grandes catástrofes que han afectado al país.
En enero de 1939, un terremoto con una intensidad de 8,3° en la escala Richter devastó la ciudad de Chillán y otras comunidades. La fuerza del sismo destruyó por completo los caminos, puentes e infraestructuras críticas de la región, creando la necesidad de utilizar las rutas aéreas para entregar ayuda a los afectados. Para esto, una flota de 39 aeronaves de la Institución, apoyadas por la aviación comercial nacional e internacional realizaron más de 300 vuelos a la zona, movilizando víveres, medicamentos y personal de salud.
Las tareas de ayuda realizadas por la Fuerza Aérea de Chile resultaron de vital importancia para la seguridad de la región, los esfuerzos hoy son conocidos como el primer Puente Aéreo en la historia de la Institución.
Las lecciones aprendidas permitieron a una joven Fuerza Aérea prepararse ante futuras emergencias que podrían caer sobre el país, estos conocimientos fueron puestos en acción una vez más tras el terremoto de Valdivia en 1960, donde los vuelos de apoyo superaron los 500 y significaron la evacuación de más de 4000 personas.
Décadas más tarde, la naturaleza volvió a poner a prueba al país con el terremoto y el tsunami del 27 de febrero de 2010, los cuales provocaron estragos a lo largo de una gran porción del territorio nacional. All´´í la Institución fue nuevamente movilizada y realizó más de 1.300 vuelos, trasladando más de 1.000 toneladas de carga y movilizando a más de 14.000 personas entre heridos, personal de emergencia y damnificados. La IIª Brigada Aérea jugó un rol fundamental en la distribución de ayuda humanitaria, estableciendo un corredor de salvamento entre las zonas afectadas y los centros de abastecimiento.
La singular geografía de nuestro país hacía evidente que una emergencia natural volviera a repetirse, así ocurrió con los devastadores aluviones que azotaron a la Región de Atacama en marzo de 2015. Ante la destrucción y el bloqueo casi total de las vías terrestres, la Institución desplegó rápidamente sus aeronaves de transporte y helicópteros, estableciendo un puente aéreo que nuevamente resultó ser la única vía hacia la seguridad para cientos de familias.
Estas operaciones permitieron el rescate de personas aisladas en los techos de sus hogares, la evacuación urgente de heridos y el traslado ininterrumpido de toneladas de ayuda humanitaria hacia las zonas más golpeadas por la catástrofe.
Este compromiso inquebrantable también se hizo patente frente a un enemigo invisible e inédito: la pandemia de COVID-19. Durante la emergencia sanitaria, la Fuerza Aérea de Chile se transformó en un pilar estratégico para sostener la red de salud a nivel nacional. A través de incesantes y rigurosas operaciones aéreas, se garantizó la distribución oportuna de millones de dosis de vacunas y toneladas de insumos médicos de norte a sur en lo que resultó ser el Puente Aéreo más grande de la historia institucional.
Con la apertura del 8° Puente Aéreo en la historia de la Institución, los aviadores militares se encuentran desplegados operando sin descanso para ir en ayuda de los compatriotas afectados. Mediante intensas labores de rescate, traslado de damnificados y entrega de bienes de primera necesidad en zonas aisladas, las alas de la Fuerza Aérea de Chile se extienden para conectar y proteger al país, ratificando su vocación inalterable de ser, en todo momento, la fuerza que ayuda, conecta, defiende y une.