Por Cristián Tapia
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), concebida tras la Segunda Guerra Mundial para funcionar como entidad de arbitraje internacional, conmemora cada 29 de mayo el "Día de los Cascos Azules", en reconocimiento al personal de mantenimiento de la paz. A lo largo de las décadas, la Institución se ha desplegado en algunas de las zonas más volátiles del planeta prestando apoyo logístico y operativo bajo este emblema.
Uno de los mayores niveles de exposición táctica contemporánea ocurrió en Medio Oriente tras la Guerra del Golfo de 1991. A través de las misiones "Tarea Paz Chile 1 y 2" (integradas a UNIKOM y a la Comisión Especial de la ONU), efectivos nacionales operaron en Irak y Kuwait realizando reconocimiento, evacuaciones aeromédicas, y el rastreo y destrucción de armamento con capacidad química y bacteriológica.
Estas misiones de inspección se desarrollaron bajo constante fricción diplomática y militar con el régimen de Saddam Hussein, el cual obstaculizaba los operativos sistemáticamente. Sobre su participación como tripulante de helicópteros, el actual Jefe de la División Antártica, Comandante de Grupo (BA) Fernando Machuca, relata: "En particular yo postule por que era una experiencia única el poder ir a operar en un zona tan difícil, era un mundo completamente distinto, en lo ambiental, lo profesional y cultural. En nuestro caso lo que más hacíamos era el traslado de equipos de inspección, hacíamos vuelos para tomar mediciones con instrumentos de las Naciones Unidas y detectar armamento químico, biológico, un armamento mayor, nuclear".
Crisis en América
A nivel regional, la Institución ha participado en operaciones de desmilitarización, destacando su rol garante en la Misión de Observadores Militares Ecuador-Perú (MOMEP) en la Cordillera del Cóndor tras la Guerra del Cenepa en 1995. Sin embargo, uno de los operativos de mayor envergadura histórica para el país fue la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), que entre 2004 y 2017 acumuló 17.000 horas de vuelo, 25 agrupaciones de helicópteros y el despliegue de alrededor de 1.300 efectivos chilenos en Puerto Príncipe.
El objetivo inicial era estabilizar la nación caribeña tras la crisis política y el alzamiento armado que derrocó a Jean-Bertrand Aristide, pero la dotación debió adaptarse para responder a catástrofes naturales. El Suboficial Rodrigo Vergara, operador de Paracaidistas de Búsqueda, Salvamento y Rescate (PARASAR), se encontraba comisionado en la isla a finales de 2009 y vivió el devastador terremoto de 2010.
"Tocó enfrentar situaciones de riesgo para nosotros y el material, estuve presente para el terremoto que devastó Puerto Príncipe, apoyamos a los lesionados en primera instancia y brindamos seguridad para el personal de salud que se encontraba en la zona, (...) es importante destacar la importancia del trabajo en equipo y la cohesión entre compañeros, cosa vital para poder desarrollar nuestras actividades como embajadores de nuestro país", recuerda el Suboficial Vergara. Las vulnerabilidades en la isla motivaron nuevos despliegues de ayuda humanitaria tras un nuevo sismo en 2021.
El esfuerzo técnico en terreno requería capacidades de adaptación constantes. El Sargento Primero Claudio Vergara, quien se desempeñó como mecánico de helicópteros Bell UH-1H en Haití, destaca los desafíos de la misión: "Aunque habíamos entrenado durante la carrera, las labores que desempeñamos tenían un componente de complejidad desconocido, la paz de la zona era delicada, la cultura y los idiomas diferentes. Junto con esto estaba la exigencia técnica, se requería que el grupo fuera autónomo y que pudiera estar a la par con los requerimientos de la ONU en todo momento”.
Actualmente, la Institución mantiene presencia internacional mediante la rotación de Oficiales en la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, establecida en 2016. El Comandante Machuca destaca que estas operaciones permiten ver materializadas las "propias capacidades y el profesionalismo" de los efectivos en un "entorno real", mientras que los suboficiales Vergara coinciden en que todo este trabajo constante depende del apoyo incondicional de la familia a la distancia.