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50 AÑOS DEL RUGIDO DEL F-5, QUE HOY SIGUE VOLANDO EN EL TERRITORIO AUSTRAL

Desde su llegada al país el 26 de julio de 1976, el caza multirol ha funcionado como pilar fundamental de la defensa aérea nacional. Luego de medio siglo al servicio del país, ya se piensa en su recambio.

27 Julio 2026

Por: Cristián Tapia, Departamento de Asuntos Públicos

La velocidad supersónica del F-5, capacidades de combate aéreo y ataque a tierra, historial operativo y bajos costos de mantención fueron motivo para que la Fuerza Aérea de Chile lo eligiera como su nuevo caza de combate en 1976.

Así, el 26 de julio aterrizaron en la Base Aérea Cerro Moreno de Antofagasta, los primeros cuatro de 18 ejemplares de la aeronave, lo que significó la entrada de la Institución a la era de la aviación supersónica.

El paso del tiempo trajo consigo avances en las tecnologías aeronáuticas, el perfeccionamiento de los misiles aire-aire y la masificación de aeronaves de combate cada vez más maniobrables tenía como implicancia una necesidad para la Institución de mantener su arma aérea afilada.

Esta difícil tarea fue asumida por la Empresa Nacional de Aeronáutica (ENAER) en colaboración con la compañía Elbit Systems, las cuales aplicaron mejoras al sistema de armas F-5, poniéndolo al corriente con los avances de la aviación militar.

Con la incorporación de un nuevo radar, mejoras en los motores, sistemas de guerra electrónica defensiva, el reemplazo de sus instrumentos de vuelo con versiones digitales, pantalla Heads Up Display (HUD), casco con sistema de apuntado visual y la capacidad de operar misiles de largo alcance y de corto alcance con alta maniobrabilidad, el F-5, pasó de llamarse Tiger II a Tigre III, consolidándose como una de las plataformas de combate aéreo más eficaces de la región.

En su historia operacional, el Tigre III tiene grandes logros tras de sí, fue una bandada de 4 aeronaves que llegó hasta Rapa Nui en un vuelo ininterrumpido de 4.000 kilómetros, consolidando las operaciones de largo alcance de la Institución otorgado por el avión cisterna Boeing-707 “Águila” en la llamada Operación Manu Tama’i de 1998.

Fue utilizando el F-5 que la Fuerza Aérea de Chile midió sus capacidades de combate junto a la Armada de los Estados Unidos y demostró los frutos del arduo entrenamiento de sus pilotos, quienes a bordo de sus cazas lograron obtener la mayoría de derribos en sus enfrentamientos con el legendario F-14 Tomcat y el moderno F-18 Hornet en el ejercicio Blue Sky de 1988.

Hoy, los F-5 Tigre III son las aeronaves destinadas a vigilar el espacio aéreo en el extremo sur de nuestro país. Asentados en la IVª Brigada Aérea, los Tigres Australes vuelan en condiciones extremas que exigen la más alta preparación de sus pilotos y personal en tierra.

El Freedom Fighter

Los orígenes del reactor más longevo de la Fuerza Aérea de Chile se remontan a la Guerra Fría, cuando la empresa aeronáutica Northrop buscaba desarrollar una aeronave económica y de mantenimiento sencillo, pero con grandes prestaciones para el combate.

En 1962, el proyecto fue seleccionado para ser producido en masa y ser utilizado por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, además de ser exportado a países aliados con licencias de fabricación, naciendo así el F-5A Freedom Fighter.

La eficacia de la aeronave le sirvió a Northrop para adjudicarse el contrato de su reemplazo una década después, fue así como se ideó una aeronave similar en apariencia, pero aún más letal en capacidades, el F-5E Tiger II, apodado así en honor al caza embarcado F-11 Tiger.

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